Fibromialgia y depresión

fibromialgia y depresión

Para una parte de la comunidad médica la fibromialgia es considerada un síndrome, y la depresión una enfermedad. Sin embargo, no todos los profesionales de la salud comparten esta definición. 

Básicamente, porque en ninguno de los dos casos se han identificado lesiones primarias estructurales, daño tisular específico, ni biomarcadores biológicos consistentes que expliquen por sí solos los síntomas.

Es decir, no encajan del todo en el modelo clásico de enfermedad basado en infección, inflamación o deterioro orgánico.

De lo que nadie duda es del sufrimiento real que producen. 

En la fibromialgia no existe daño estructural que pueda justificar el dolor desde una perspectiva biológica. Aunque la espalda duele, -y mucho-, no es una imaginación, ni una provocación, es una realidad. A pesar que no hayan daños/lesiones, ni músculos en peligro por una causa patológica, genera mucha angustia e incapacidad. 

En la depresión, no hay una debilidad psicológica, y tampoco una evidencia consistente de que la cause un déficit neuroquímico (serotonina). Hay personas con comportamientos depresivos que no presentan ese desequilibrio.

En ambos casos, lo que se observa es la ausencia de:

  • infecciones activas

  • inflamación persistente significativa

  • lesiones estructurales consistentes

  • degeneración tisular progresiva

  • biomarcadores orgánicos específicos

Por eso resulta difícil encajarlas dentro del modelo clásico de enfermedad basado exclusivamente en daño o patología orgánica.

Protegiéndonos

depresión y dolor

.El organismo no espera a que nos hagamos daño para responder, sino que habitualmente lo que sucede es que hace predicciones para evitarlo, y como consecuencia, cambiamos nuestras conductas. Si evalúa que algo puede ser peligroso, activa el modo alerta-protección. Y con ello, podemos experimentar los siguientes síntomas:

  • dolor

  • rigidez

  • cansancio

  • pérdida de energía

  • evitación del movimiento

  • aislamiento

Estas respuestas pueden tener sentido para un organismo que se siente amenazado. Su función es ahorrar energía y reducir riesgos para la integridad. 

El problema aparece cuando el organismo continúa en modo alerta, aunque el peligro, pueda haber pasado. 

Ahí es donde aparecen cuadros como la fibromialgia o la depresión. 

La respuesta conductual

Cuando atravesamos experiencias poco habituales —como dolor persistente o un episodio depresivo— no solo cambian las sensaciones del cuerpo o el estado de ánimo. También cambian nuestros comportamientos.

Gran parte de nuestras respuestas se aprenden. Algunas formas de aprendizaje son deliberadas (estudiar, practicar, entrenar). Otras son automáticas, implícitas, sin intención consciente.

El sistema nervioso aprende asociaciones constantemente:

  • qué es seguro

  • qué es peligroso

  • qué conviene evitar

  • cuándo ahorrar energía

Y ajusta nuestra conducta en función de esas predicciones.

Este aprendizaje no es voluntario ni psicológico en el sentido coloquial.

En fibromialgia: Aprendiendo la fragilidad corporal

Una persona «diagnosticada» de fibromialgia suele recibir mucha información sobre su cuerpo, a menudo en términos negativos:

  • Estrés

  • Desgaste

  • Contracturas

  • Espalda fallida

  • Desviaciones de columna

  • Cuerpo frágil

Aunque la intención sea explicar, este mensaje puede tener un efecto secundario:
La persona aprende que su cuerpo es vulnerable. Y cuando el cuerpo se percibe como frágil, la hipervigilancia y la protección aumentan. Entonces se puede observar:

  • más vigilancia corporal

  • más tensión

  • más evitación del movimiento

  • menos actividad y variabilidad 

Paradójicamente, esa protección excesiva puede amplificar la evaluación de amenaza y por ende, el dolor. 

En depresión: Indefensión Aprendida

En la depresión ocurre un proceso similar, pero más centrado en la conducta y la vitalidad..

Tras experiencias de estrés prolongado, pérdidas, conflictos o sensación de falta de control, el organismo puede aprender que:

  • esforzarse no compensa

  • nada cambia aunque lo intente

  • es más seguro no exponerse

  • es mejor ahorrar energía

Y entonces aparecen conductas de retirada:

  • menos actividad física 

  • menos contacto social

  • menos iniciativa

  • más tiempo en reposo (congelación) 

  • más rumiación

Desde la distancia los demás lo pueden interpretar como “falta de ganas”. Desde la biología, es un programa de conservación de recursos (congelación) Una de las estrategias que usamos los seres vivos ante situaciones complicadas e incertidumbre. 

El problema es que cuanto menos se actúa, menos refuerzos positivos se reciben. Y el propio entorno confirma la sensación de incapacidad.

Se genera así un círculo de aprendizaje (bucle) que mantiene el estado depresivo.

Regulación vital

La buena noticia es que estos procesos y estados no han de ser permanentes. El sistema nervioso es plástico, moldeable. El ser humano resiliente. No estamos predeterminados, cambiamos con la experiencia. 

Del mismo modo que se puede aprender una conducta de evitación, también se puede volver a aprender a responder con seguridad, movimiento y vitalidad. No hablamos de “forzarse” ni de ignorar los síntomas. Hablamos de reeducar al organismo en su completitud

Es decir, enseñarle que el entorno y el propio cuerpo son seguros. Que ningún proceso sin daño estructural es para siempre. 

¿Cómo nos regulamos?

Cuando el problema no es una lesión estructural, el enfoque no consiste en “arreglar tejidos”, sino en normalizar la sensibilidad del sistema nervioso.

Las intervenciones con mayor evidencia comparten algo en común: exposición progresiva a experiencias seguras.

Por ejemplo:

  • movimiento suave y gradual

  • actividad física adaptada

  • recuperar rutinas diarias

  • mejorar el sueño

  • reducir el miedo al movimiento

  • aumentar el contacto social

  • comprender cómo funciona el dolor y el estado de ánimo

Cada pequeña experiencia de seguridad genera un refuerzo positivo: “esto no es peligroso”.

Y esa repetición, poco a poco, reduce el volumen de la alarma y el estado de alerta. 

Algo sumamente importante es: que tanto con fibromialgia y con depresión, es importante entender que la mayoría de veces, no habrá que esperar a sentirse bien para moverse, sino que habrá que moverse para empezar a sentirse mejor. 

Aún así, esto debe hacerse de forma gradual. 

Conclusión

Desde una perspectiva integrativa, el trabajo no consiste en buscar una lesión inexistente ni en etiquetar al paciente como “enfermo crónico”. No está enfermo, y lo crónico, sin daño estructural, tampoco ha de serlo. Por lo tanto, el trabajo consiste en:

  • reducir la sensación de amenaza corporal

  • facilitar el movimiento seguro

  • acompañar la recuperación progresiva

  • devolver autonomía y confianza

Porque muchas veces el cuerpo no necesita ser reparado. Necesita volver a sentirse seguro.

Un saludo.

Referencias
1.-The Fibromyalgia Pain Experience: A Scoping Review of the Preclinical Evidence for Replication and Treatment of the Affective and Cognitive Pain Dimensions
Cassie M Argenbright et., al (2024)
2.- The role of psychosocial Processes in the development and Maintenance of chronic pain
Robert R. Edwards et., al (2016)
 
3.- Fibromyalgia and Depression 
Richard H Gracely et., al (2011)
 
Osteopatía-Henko Osteopatía

Hola, Soy Marc Vives

Me dedico a mejorar el estado corporal y de bienestar de las personas que acuden a mi estudio Henko Osteopatía en Tarragona. 

Utilizo la Osteopatía Integrativa y la terapia manual, junto con mi pasión por el estudio y conocimiento de la Neurociencia.

No te irás de mi estudio, sin que intente que aprendas algo más sobre tu organismo. 

Después, si lo deseas podremos continuar manteniendo el contacto para aclarar dudas y seguir progresando.

Un abrazo.

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